El bruxismo es un trastorno que consiste en apretar y rechinar los dientes de forma involuntaria, tanto a lo largo del día como durante el descanso nocturno, de manera regular, lo que puede causar daños en las piezas dentales, además de otros trastornos como dolor mandibular, de oídos, o cefaleas frecuentes.
En el caso del bruxismo, las causas probables se encuentran en el cerebro y están asociadas al estrés emocional que se procesa durante el sueño. Por tanto, el bruxismo nocturno representa también una forma de alteración del sueño (parasomnia). Las situaciones breves de estrés en el entorno familiar o laboral también pueden exteriorizarse mediante el bruxismo.
El bruxismo también puede aparecer debido a problemas ortopédicos que provocan posiciones incorrectas. Una posible causa neurológica puede ser, entre otros, la Esclerosis Múltiple
Generalmente el bruxismo es un fenómeno frecuente, no asociado necesariamente a una enfermedad psíquica u otra enfermedad grave.
Ser consciente en todo momento del bruxismo e impedirlo conscientemente conlleva un alivio a largo plazo. Es decir, debe acostumbrarse de forma consciente a no rechinar los dientes. Cuánto más se observe y corrija a sí mismo el afectado, mayor será la probabilidad de acabar con el problema.
El primero en detectarlo es el dentista al observar el desgaste exagerado de los dientes (facetas) en áreas funcionales y desgaste moderado en áreas no funcionales, ensanchamiento de las zonas oclusales y reducción de la dimensión vertical de la cara, en ocasiones son los familiares quienes ponen en alerta al paciente pues de silencioso se vuelve sonoro y molesto.
Al principio el paciente «juega» con el contacto dentario sin fuerza ni contracción, sin embargo bajo un estado de tensión emocional se produce una mayor presión sobrepasando el umbral de los receptores periodontales, a la presión y el paciente ya no está consciente y los músculos ya no se relajan.

Los síntomas y signos más comunes del bruxismo son:
• Rechinamiento dental severo que por lo general ocurre durante el sueño.
• Fuertes dolores de cabeza.
• Dolor en los músculos de la cara y cuello, principalmente al despertar.
• Alineación dental anormal.
• Desgaste en el esmalte, que da apariencia plana en las cúspides de los dientes y expone la dentina, provocando sensibilidad dentaria.
• Marcas de dientes en la lengua, así como daños en la parte interior de las mejillas.
• Dislocación de la mandíbula; ruidos y chasquidos en la articulación de la mandíbula con el cráneo.
• Dolor de oído.
• El menisco articular que permite abrir y cerrar la boca con normalidad acaba sufriendo daños muchas veces irreparables por esta causa, que también origina problemas neuromusculares muy dolorosos.
• Ansiedad, estrés, y tensión general.
Según la manera rechinar los dientes [
• bruxismo céntrico (apretamiento), daña el cuello de los dientes provocando generalmente abracciones cervicales, siendo los premolares las piezas más comúnmente dañadas por su posición en la mandíbula. Además de acompañarse de cefalea tipo tensionar.
• bruxismo excéntrico (frotamiento), daña el borde incisal y oclusal de los dientes, generando atriciones en distinto grado. Los movimientos excursivos de la mandíbula siguen un patrón definido que se relaciona con el desgaste en las piezas (al momento de deslizar los dientes, los desgastes son coincidentes), afecta mayormente a incisivos.
Ambos tipos de bruxismo pueden ser simultáneos en un mismo paciente y los signos en las piezas dentales pueden estar o no presentes según la intensidad y duración de los episodios. Además, suelen confundirse con otras lesiones no cariosas provocadas, por ejemplo, por un cepillado traumático.
Mediante férulas sintéticas especiales confeccionadas por el dentista se pueden proteger los dientes y evitar que se desgasten, así como proteger la articulación.

Precisamente, uno de los objetivos prioritarios del tratamiento es la eliminación del dolor, para lo que existen multitud de recursos:
• Ejercicios de relajación.
• Acupuntura.
• Aplicación de hielo o paños calientes en la zona donde se produce el dolor.
• Evitar comer alimentos duros y dulces.
• Beber mucha agua.
• Masajear las zonas donde se produce el dolor.
• Dormir bien.

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